TALIS 2024: una mirada al profesorado en España

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Trini Megías

El estudio internacional de enseñanza y eprendizaje (TALIS), coordinado por la OCDE, recoge la opinión de miles de docentes y equipos directivos de 55 países. Es la encuesta internacional más amplia sobre el profesorado, y en ella se reflejan sus condiciones laborales, sus percepciones y los retos que enfrentan en su día a día.

En España, el estudio se realizó entre febrero y marzo de 2024, con una muestra de 1.013 centros educativos (507 de secundaria y 506 de primaria) y la participación adicional de ocho comunidades autónomas. Los resultados, publicados en octubre de 2025, nos ofrecen una fotografía precisa del profesorado español y, sobre todo, una oportunidad para escuchar su voz.

Los datos hablan, pero detrás de cada cifra hay una historia profesional. TALIS nos invita a mirarlas con atención y a reflexionar sobre qué tipo de escuela y de profesión docente queremos construir.

Un profesorado experimentado, diverso y con poco relevo generacional

El profesorado español tiene una media de edad de 45 años, igual que la media de la OCDE. El 35% tiene 50 años o más, mientras que solo el 8% tiene menos de 30. Son cifras que confirman un colectivo con gran experiencia, pero con escaso relevo generacional.

El 62% del profesorado son mujeres, un porcentaje inferior a la media internacional (70%), y tres de cada cuatro docentes (75%) cuentan con experiencia laboral previa fuera del ámbito educativo. Un 11% incluso tuvo otra carrera profesional antes de dedicarse a la enseñanza.

Un profesorado maduro y con trayectorias diversas aporta conocimiento, estabilidad y perspectiva, pero también nos plantea un reto: asegurar el acompañamiento de las nuevas generaciones que se incorporan a la docencia. La renovación educativa no depende solo de nuevos currículos, sino también de renovar la profesión desde dentro, creando condiciones que atraigan y retengan talento joven.

Aulas cada vez más diversas

El 26% del profesorado trabaja en centros donde más del 10% del alumnado tiene una lengua materna distinta a la de instrucción, y el 38% enseña en centros con al menos un 1% de alumnado refugiado. Esta última cifra ha crecido 26 puntos porcentuales desde 2018, lo que refleja un contexto educativo cada vez más plural.

En relación con las necesidades educativas especiales, el 34% del profesorado trabaja en centros donde más del 10% del alumnado presenta NEE. Aunque este porcentaje es inferior al promedio internacional (46%), ha aumentado 17 puntos desde 2018.

El 65% considera que puede adaptar las tareas a las necesidades del alumnado con NEE, pero solo el 58% afirma colaborar estrechamente con otros profesionales en el aula, un dato inferior a la media de la OCDE (72%).

La diversidad no se resuelve con buena voluntad: requiere tiempo, recursos y estructuras de colaboración reales. Cuidar el trabajo en equipo docente es esencial para responder a una escuela que ya es diversa por definición. La inclusión educativa se convierte, así, en un indicador directo de la salud pedagógica de un centro: donde se coopera, se aprende mejor.

Tecnología e inteligencia artificial: entre la oportunidad y la brecha

El 35% del profesorado español utiliza inteligencia artificial en su trabajo, una proporción prácticamente igual a la media de la OCDE. Sus principales usos son la generación de planes de clase o actividades (69%), el resumen de contenidos (49%) y el apoyo a la práctica de habilidades (39%).

Sin embargo, el 75% de quienes no utilizan IA indica que no tiene la formación necesaria para hacerlo, y el 33% menciona la falta de infraestructura.

Estos datos muestran que la integración de la IA en la enseñanza no depende solo de la tecnología, sino de la confianza y la formación del profesorado. No se trata de sustituir su mirada, sino de ampliar sus posibilidades pedagógicas. La IA puede ser una aliada para personalizar el aprendizaje, pero solo si se usa desde una comprensión ética, crítica y humanista del proceso educativo.

Formación y desarrollo profesional: un punto débil

Solo el 60% de los docentes que completaron su formación inicial en los últimos cinco años considera que fue de alta calidad, muy por debajo de la media internacional (75%). Aunque el 80% se sintió bien preparado en el contenido de las asignaturas, solo el 49% lo estuvo en pedagogía general y el 42% en docencia en entornos multiculturales o multilingües.

En cuanto a la formación continua, el 48% afirma que tuvo un impacto positivo en su práctica docente, también por debajo de la media de la OCDE (55%). Las principales necesidades formativas se concentran en el uso educativo de la IA (30%), la atención al alumnado con NEE (27%) y la gestión del aula (21%).

Las barreras más comunes para participar en formación son la falta de tiempo (76%), la ausencia de incentivos (70%) y los conflictos con el horario laboral (59%).

Estos datos apuntan a una necesidad clara: situar la formación dentro del horario de trabajo y reconocerla como parte del desarrollo profesional, no como una carga añadida. Apostar por una formación centrada en la práctica, en equipos y con acompañamiento real es clave para fortalecer la confianza pedagógica del profesorado.

Relaciones profesionales: el valor de la colaboración

El 90% del profesorado español afirma que puede apoyarse en sus colegas, una cifra superior a la media internacional (86%). El 93% considera que la dirección confía en su experiencia, y el 83% valora positivamente la retroalimentación recibida.

Estas cifras confirman que el trabajo docente en España se apoya en la colaboración y la confianza profesional. Son elementos clave para consolidar una cultura de aprendizaje compartido en los centros.

Cuando las relaciones entre docentes, equipos directivos y familias se basan en la confianza, la innovación se convierte en una práctica posible. Los datos de TALIS invitan a potenciar los espacios de trabajo conjunto y a reconocer el valor de las comunidades docentes como entornos de desarrollo profesional continuo.

Bienestar y satisfacción profesional

El 16% del profesorado declara sentir altos niveles de estrés (por debajo del 19% de la OCDE), mientras que el 72% se muestra satisfecho con sus condiciones laborales y el 54% con su salario. El dato más significativo es que el 95% afirma estar satisfecho con su trabajo, muy por encima del promedio internacional (89%).

El bienestar docente no es un lujo ni un añadido. Es la base sobre la que se sostiene la calidad educativa. Cuidar la salud, el equilibrio emocional y las condiciones de trabajo del profesorado es cuidar el aprendizaje del alumnado.

TALIS muestra que, pese a las dificultades, el compromiso docente sigue siendo altísimo. Este dato debería inspirar políticas educativas que sitúen el bienestar y la confianza profesional en el centro del sistema, no en sus márgenes.

Más allá de los datos

TALIS 2024 dibuja un panorama complejo, pero alentador: un profesorado comprometido, experimentado y satisfecho con su labor, que trabaja en aulas cada vez más diversas y que busca seguir formándose pese a las dificultades de tiempo y reconocimiento.

El reto ahora es convertir los datos en acción. Escuchar al profesorado implica también actuar sobre sus condiciones, facilitar espacios de formación significativa y reconocer su papel como motor del cambio educativo.

Los números nos ofrecen una imagen clara; el compromiso colectivo puede transformarla en mejora real. Una educación de calidad se construye cuando las decisiones se toman con y para el profesorado, y cuando los datos dejan de ser diagnósticos para convertirse en puntos de partida para el cambio.

¿Qué reflejan estos datos en tu centro? ¿Qué aprendizajes o desafíos reconoces en tu práctica docente? Estamos deseando leer tus comentarios.