Historias de confianza

Historias de confianza

Ilusión, trabajo y confianza (ITC). Siempre que he realizado cursos en el INTEF, como alumno, he puesto esos tres elementos encima del escritorio, del teclado. Comenzaba el proceso seguro porque sabía que al otro lado de la pantalla había profesionales, pero, sobre todo, personas. Aunque no sabía qué ocurría más allá de mi monitor, se generaba una relación de confianza con mi tutor que me permitía caminar tranquilamente por la plataforma del curso, hacer las tareas según los tiempos previstos, participar en la cafetería o compartir en las redes sociales trabajos o experiencias de compañeros. Algo más de dos intensos meses que se pasaban volando. Formación adictiva con efectos saludables en el aula.

El año pasado decidí averiguar cómo se formaban los tutores. Preparé la mochila, metí la dosis necesaria de ITC, y aprendí/disfruté, de nuevo, formándome. El de formación de tutores es un curso con una parte de cacharreo en Moodle y diferentes módulos sobre qué competencias o perfil debe tener un tutor en línea. Un curso exigente. Al terminar, y gracias a mi tutora, comprendía que el papel de tutor también tiene un componente elevado de ITC, que no se trata de ser el más competente en las múltiples facetas que se desarrollan y sí en generar vínculos de confianza entre alumnos y tutores.

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Con esos antecedentes, varios cursos tutorizados, y un año profesional muy diferente a lo que había imaginado, recibo a mediados de abril un correo de David. La propuesta, un reto nuevo: formar parte del equipo de dinamización de la 3ª edición del MOOC ‘Enseñar y evaluar la competencia digital‘, un MOOC clave para desmontar y facilitar la competencia digital docente. Un reto porque en estos cursos ocurren muchas cosas, muchas, durante 5 o 6 semanas; el aprendizaje depende de los vínculos que se establecen; se cuenta con varios espacios de participación… En definitiva, una experiencia que es parecida a trabajar en un periódico: suceden cosas, hay que localizarlas/filtrarlas/compartirlas, hay que hablar con los implicados, hay que usar diferentes géneros… hay que generar, en definitiva, un vínculo.

Después de agradecer la propuesta/confianza y decir sí, tocaba conocer a los compañeros/as de trayecto. Y un jueves, quizás un miércoles, suena la videollamada en el móvil y allí están Jesús, Clara y Azahara. Nos ponemos cara y acentos, porque este equipo, dividido entre Granada y Galapagar, comparte el mismo tono: un andaluz con diminutivos, giros y expresiones magníficas. De ese primer encuentro, surgen diferentes documentos colaborativos y un grupo de Telegram para facilitar la conexión/conversación. Nuevo en esta experiencia pero con un trazado firme y una dirección experimentada.

Las pilas a tope de ITC para arrancar el 9 de mayo, fecha de inicio del MOOC. Unos se encargan de Facebook, otros andan por Twitter, siempre atentos al espacio de ayuda en Procomún. El equipo marcha. Mil participantes en la nave, motivos para estar preparados para la escucha. Porque aunque las funciones de dinamización estén claras, hay historias que surgen y fortalecen la experiencia. Hay situaciones que no esperas, pero que gracias al buen uso de las tecnologías, aportan momentos inolvidables. Ahora mismo recuerdo diferentes conversaciones caminando por Madrid para resolver dudas técnicas a los participantes de un Hangout.

En el interior del equipo, del MOOC, tiene que producirse un efecto dominó para conectar en cualquier momento y en cualquier lugar. Sí, es posible. Al menos eso es lo que he vivido.

De esta experiencia, que terminó el 20 de junio, vuelvo a quedarme con la C de confianza, de la C necesaria para que alumnos y tutores conecten. Lo siento si pensaban que esta iba a ser una entrada sobre analíticas o el valor de los MOOC conectivistas. Solo quería contar historias de confianza.


 

fnS5klJR_400x400Chema Muñoz Rosa maestro de Educación Física y periodista. Casi toda la vida con el papel, el chándal y el lápiz.
Pero de unos años a esta parte, tratando de comprender los nuevos tiempos modernos. Tranquilo, observador y amante de la lectura, el jazz y las series de televisión. Como lema, unas palabras de Love of Lesbian en su Manifiesto delirista: qué suerte que aún hay gente que lo hace fácil, aquellos que consiguen que fluya bien…

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